Aprende a sentirte cómodo en situaciones incómodas

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo; echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sensatos y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en todo el mundo están pasando por los mismos sufrimientos. Y después de que hayáis sufrido un poco, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo, él mismo os restaurará, confirmará, fortalecerá y establecerá. A él sea la soberanía por los siglos de los siglos. Amén». 1 Pedro 5:6-11

¿Eres un hombre al que el mal odia?

Hace un par de semanas, en nuestro desayuno trimestral para hombres, hablé con los chicos sobre lo que significa ser un hombre al que el mal odia. ¿Qué te viene a la mente cuando piensas en el mal? ¿Son demonios de aspecto espeluznante, como los que se han retratado en las películas? ¿Son asesinos sedientos de sangre, de nuevo, como los que se han retratado en las películas? ¿O son acontecimientos comunes y cotidianos que van en contra del orden natural de la creación y de la Palabra revelada de Dios?

Déjame definir el mal para que sepas a dónde quiero llegar. El mal es todo aquello que se opone a Dios, tergiversa Su verdad y aleja tu corazón de Él. Piensa en Isaías 5:20: «¡Ay de los que llaman malo al bien y bueno al mal…!». Piensa en Romanos 1:28-32. Piensa en 1 Juan 3:4. 

Entonces, si el mal es, en última instancia, oposición a Dios, y si la función del mal es llevarnos a hacer y pensar cosas a las que Dios se opone, ¿a qué debemos estar atentos? La respuesta espontánea, propia de una iglesia infantil, sería «el pecado», ¿verdad? Se nos dice que debemos luchar contra el pecado. «¡Mata al pecado, o él te matará a ti!», como dijo una vez JC Ryle. Sí, siempre debemos luchar contra el pecado. Pero también debemos fijarnos en quién utiliza nuestro pecado para su propio bien, para su ventaja.

Tenemos un enemigo, Satanás, el gran engañador, quien, junto con todos los que cayeron con él del cielo, está decidido a acabar con nosotros. Esto no es una exageración, ni una afirmación grandilocuente para ponerte nervioso. Es lo que está pasando. Satanás quiere que te sientas tambaleante e inestable, lleno de dudas y de vergüenza, hasta el punto de que busques consuelo fuera de sus ataques en lugar de en Dios. Al mal le encanta el hombre que se olvida de Dios cuando debería buscar y disfrutar de Su consuelo.

Así que, volviendo al principio, ¿qué significa «ser un hombre al que el mal odia»? El mal odia a un hombre que reconoce las tácticas del enemigo y le dice: «¡Satanás, no eres más que un títere, un pedazo de mierda débil que no sabe llevarse bien con los demás, así que montaste una rabieta y te han puesto en tu sitio! ¡Eres un perdedor, y siempre lo serás porque al final siempre pierdes! ¡Perdedor!» (¡Me ha divertido escribir eso!) Entonces, ese hombre se acuerda del Señor, corre hacia Él y confía en el Señor para todo lo que necesita.

Cuando nos sentimos cómodos en la incomodidad, sabiendo que el enemigo siempre está al ataque, puede que el enemigo no cese en su maldad contra ti, pero reconocerá que tiene un verdadero adversario. No salgas buscando la incomodidad, como si fueras a empezar una pelea de bar con el enemigo. Pero mantente entrenado, preparado y listo para cuando él aparezca. Así es como podrás sentirte cómodo cuando llegue la incomodidad.

He aquí una táctica espiritual práctica para prepararnos y luchar, basándonos en las palabras de Pedro en 1 Pedro 5:6-11:

  • Mantén la cabeza fría: piensa con claridad y evita las distracciones espirituales.

  • Mantente alerta: no bajes la guardia ante las tentaciones y las artimañas del enemigo.

  • Reconoce la amenaza: el diablo está activo y es depredador.

  • Resístele: plantale cara, no le hagas caso.

  • Mantente firme en la fe: aférrate a la verdad y a las promesas de Dios.

  • Recuerda que no estás solo: otros creyentes se enfrentan a la misma lucha, lo que te da valor y resistencia.

El Señor no nos hace crecer desde el sillón reclinable; nos hace crecer en primera línea de fuego, en la lucha. El sillón reclinable representa las comodidades del mundo. Descansar no está mal; necesitamos descansar. Pero debemos ser hombres entrenados, preparados y dispuestos a sentirnos cómodos en situaciones incómodas, porque somos siervos del Rey de reyes y Señor de señores, que estamos en el punto de mira del enemigo. ¡Haz que el mal te odie!

Señor Jesús, Tú eres mi refugio y mi fortaleza. Ayúdame a mantener la mente lúcida y a estar alerta, sabiendo que mi adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Protege mi corazón de la distracción, la apatía y la complacencia. Fortaléceme para resistirlo, no con mis propias fuerzas, sino manteniéndome firme en la fe que Tú me has dado. Anclame en Tu Palabra, revísteme con Tu armadura y recuérdame que no estoy solo en esta lucha, pues mis hermanos y hermanas de todo el mundo enfrentan las mismas pruebas. Mantén mis ojos fijos en Cristo, mi Rey victorioso, quien ya ha aplastado la cabeza de la serpiente. En Su nombre te lo pido, Amén.

Hombres motivadosShannon Stephens