Nuestro objetivo al ayunar es acercarnos más a Dios. El ayuno bíblico siempre tiene que ver con eliminar las distracciones con un propósito espiritual; es como pulsar el botón de reinicio de nuestra alma y nos renueva desde dentro. También nos permite celebrar la bondad y la misericordia de Dios, y prepara nuestros corazones para todas las cosas buenas que Dios desea traer a nuestras vidas. 

Sabemos que es posible que algunas personas no puedan participar en un ayuno completo de alimentos debido a problemas de salud, edad, etc. Animamos a cada uno a que reflexione sobre cómo adaptar su rutina, hacer sacrificios y crear un espacio para buscar el corazón de Dios de una manera más centrada. Tu ayuno personal debería suponer un cierto desafío, pero es muy importante que conozcas tu cuerpo y tus opciones para que puedas buscar a Dios en la oración y seguir lo que el Espíritu Santo te impulse a hacer.

Razones bíblicas para ayunar

La Biblia recoge numerosos relatos en los que personas, ciudades y naciones se han vuelto hacia Dios mediante el ayuno y la oración: el Señor Jesús ayunó justo antes de comenzar su ministerio terrenal (Mateo 4:2); y Ana adoraba en el templo «ayunando y orando día y noche» (Lucas 2:37). Hay varias razones concretas por las que la Biblia nos exhorta a ayunar.

  • Ser como Cristo (Mateo 4:1-17; Lucas 4:1-13)

  • Para alcanzar la pureza espiritual (Isaías 58:5-7)

  • Arrepentirse de los pecados (Jonás 3:8; Nehemías 1:4, 9:1-3; 1 Samuel 14:24).

  • Rogar a Dios (2 Samuel 12:16-23)

  • Llorar a los muertos (1 Samuel 31:13; 2 Samuel 1:12)

  • Para pedir la ayuda de Dios en momentos de crisis y adversidad (Esdras 8:21-23; Nehemías 1:4-11).

  • Para fortalecer la oración (Mateo 17:21; Marcos 9:17-29; Hechos 10:30; 1 Corintios 7:5).

Cómo ayunar

¿Por qué estás ayunando? Pídele al Espíritu Santo que te aclare Su guía y los objetivos de tu ayuno. Esto te permitirá orar de forma más concreta y estratégica. Como familia de fe, buscamos el corazón de Dios y anhelamos Su guía y Su presencia en nosotros.

Las directrices establecidas en las Escrituras sobre el ayuno.

  • Realizado con humildad y en secreto (Mateo 6:16-18, Lucas 18:9-14)

  • El ayuno está estrechamente relacionado con la oración y la lectura de la Palabra de Dios (1 Samuel 1:6-18, Nehemías 1:4, Nehemías 9:1-3, Daniel 9:3, Daniel 9:20, Jonás 3:6-9)

  • El ayuno puede ser parcial o absoluto (ayunos completos: Deuteronomio 9:9, Esdras 10:6, Ester 4:16, Hechos 9:9, Hechos 27:33; ayunos parciales: 1 Reyes 17:5-6, Daniel 10:3)

  • Algunos ayunos pueden ser personales o colectivos. (Ayunos colectivos o en grupo: 1 Samuel 7:5-6, 1 Samuel 8:21-23, Joel 2:15-16, Hechos 27:33-37. Ayunos personales: 1 Samuel 12:16, 1 Samuel 21:27, Daniel 9:3, Hechos 9:9)

Asume tu compromiso

Jesús daba por sentado que todos sus seguidores ayunarían (Mateo 6:16-18; 9:14-15). Algunos aspectos clave para tu compromiso son:

  • ¿Qué tipo de ayuno quiere Dios que practiques? Cuando se ayuna de comida, recomendamos abstenerse de alimentos sólidos y consumir únicamente líquidos. 

  • Piensa en qué actividades físicas y sociales vas a limitar. 

  • También te animamos a que te abstengas de las redes sociales: la televisión, la radio, Internet, etc. En su lugar, dedica ese tiempo a orar, leer la Palabra de Dios, meditar o memorizar las Escrituras, escribir en tu diario, etc.

  • Decide cuánto tiempo vas a dedicar cada día a la oración y a la Palabra de Dios. Aprovecha las horas habituales de las comidas para orar y leer la Palabra. 

Asumir estos compromisos con antelación te ayudará a mantener el ayuno cuando las tentaciones físicas y las presiones de la vida te inciten a abandonarlo.

Prepárate espiritualmente

Nuestra vida como creyentes debe estar marcada por el arrepentimiento. El pecado no confesado que habita en nuestro interior supondrá un obstáculo en tu relación con Cristo y en tu capacidad para experimentar su presencia. A continuación te indicamos algunas cosas que puedes hacer antes y durante el ayuno para mantener tu corazón centrado en el Señor:

  • Pídele a Dios que te ayude a hacer una lista exhaustiva de tus pecados. Las cuatro emociones principales que pueden contaminar nuestro corazón y llevarnos al pecado son la culpa, la ira, la codicia y los celos. Estas cuatro áreas son un buen punto de partida. 

  • Confiesa todos los pecados que el Espíritu Santo te traiga a la memoria y acepta el perdón de Dios (1 Juan 1:9).

  • Pide perdón a quienes hayas ofendido y perdona a todos los que te hayan hecho daño (Marcos 11:25; Lucas 11:4; 17:3-4). 

  • Repara el daño tal y como te guíe el Espíritu Santo. En concreto, ten en cuenta las cuatro áreas mencionadas anteriormente: en el caso de la culpa, busca la confesión; en el caso de la ira, debes perdonar; en el caso de la codicia, responde con generosidad; y en el caso de los celos, opta por celebrar aquellas cosas o personas de las que sientes envidia.

  • Pídele a Dios que te llene de su Espíritu Santo, tal y como Él nos manda en Efesios 5:18 y nos promete en 1 Juan 5:14-15. Entrega tu vida por completo a Jesucristo como tu Señor y Amo; no cedas a tu naturaleza mundana (Romanos 12:1-2).

  • Medita en los atributos de Dios: su amor, soberanía, poder, sabiduría, fidelidad, gracia, compasión y otros (Salmo 48:9-10; 103:1-8, 11-13).

  • No subestimes la oposición espiritual. A veces, Satanás intensifica la lucha natural entre el cuerpo y el espíritu (Gálatas 5:16-17).

Prepárate físicamente

El ayuno requiere tomar ciertas precauciones. Consulta primero a tu médico, sobre todo si tomas medicamentos recetados o padeces alguna enfermedad crónica. Algunas personas nunca deberían ayunar sin supervisión profesional. La preparación física facilita un poco el cambio drástico en tus hábitos alimenticios, de modo que puedas centrar toda tu atención en el Señor durante la oración.

  • No te precipites al empezar el ayuno. 

  • Prepara tu cuerpo. Toma comidas ligeras antes de empezar un ayuno. Evita los alimentos ricos en grasas, procesados y azucarados. 

  • Come fruta y verdura cruda con más frecuencia antes de empezar el ayuno. 

  • Plantéate dejar la cafeína o reducir su consumo.

Mientras ayunas

Ha llegado el momento de tu ayuno y oración. Te estás absteniendo de todo alimento sólido y has comenzado a buscar al Señor. Aquí tienes algunas sugerencias útiles que puedes tener en cuenta:

  • Evita los medicamentos, incluso los fitoterápicos y los remedios homeopáticos. Solo debes dejar de tomar la medicación bajo la supervisión de tu médico.

  • Limita tu actividad. Haz ejercicio solo de forma moderada.

  • Descansa todo lo que te permita tu agenda.

  • Prepárate para sufrir molestias mentales temporales, como impaciencia, mal humor y ansiedad.

  • Es posible que sientas algunas molestias físicas. Puede que tengas retortijones de hambre o mareos.

  • Entre los síntomas físicos también pueden figurar la debilidad, el cansancio o el insomnio.

  • La abstinencia de cafeína y azúcar puede provocar dolores de cabeza. 

Dios puede hacer grandes cosas y las hará

Cuanto más tiempo pases con Dios, más significativo será tu ayuno. Escucha Su guía. Empieza y termina cada día de rodillas, dedicando un breve momento a alabar y dar gracias a Dios. Nuestra postura física puede ayudarnos a que nuestro corazón se someta a Cristo. Si estás casado, puedes compartir este momento con tu cónyuge. 

Los momentos más largos que pasamos con nuestro Señor en la oración y el estudio de su Palabra suelen ser más provechosos si los dedicamos a estar a solas. A medida que Dios te mueva y te guíe, aprovecha la oportunidad para compartir lo que Él te inspira con un par de seguidores de Cristo maduros, tu cónyuge, el líder de tu grupo, el responsable de tu ministerio o el personal de la iglesia, para recibir ánimo y rendir cuentas.